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Era un día frío en el sector de  Bellavista, el viento resoplaba con bastante fuerza en esta parte alta de la comuna 4 en Soacha, Cundinamarca. Jhon y Paula están un poco ansiosos pero  felices además porque sabían que Dairon y Coco (A quienes personifican) brindarían una hora de alegría a los niños y niñas del sector Brisas de la Esperanza, de los cuales varios en su vida nunca habían disfrutado de una obra de teatro hasta ese momento.

Se preparan cuidadosamente, repasan algunos fragmentos del repertorio y ayudados por Ricardo realizan los últimos ajustes logísticos para que al final todo resulte exitoso e impecable. La consigna es respetar a los espectadores sin importar su linaje cultural y para ello la obra se debe representar profesionalmente como si el público fuera el del Teatro Colón o el de La Scala en Milán.

El barrio Brisas de la Esperanza es un asentamiento construido hace menos de un año y al que llegaron personas provenientes de diversas partes de Colombia y de Venezuela movidas por la necesidad de obtener mejores condiciones de vida que en sus regiones de origen no estaban alcanzando.  Entre estas personas llegaron bastantes niños y niñas que probablemente aún no disfrutan de una niñez como la de cualquier otro infante por variables razones.

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Paula y a Jhon a iniciar con Historias Rodantes

Esta es una de las razones que llevaron a Paula y a Jhon a iniciar con Historias Rodantes: Llevar el teatro a lugares apartados donde ni siquiera hay un escenario dispuesto para la ocasión, donde el escenario es la misma calle o una plaza, un parque, una tienda o el que sea.  Así surgió la idea de viajar en bicicleta y que los mismos elementos de la bicicleta sirvan para recrear los personajes de la obra. Es así como el sillín, los platos, las carpas, los pedales y otros componentes les dan vida a los niños del salón de clases, a la tía Colorada, a Moro, al ángel, La Llorona entre otros.

“Pensamos en llevar teatro a esos lugares donde nunca llega una obra, la vida es el encuentro con el otro y aprender de esos encuentros, los títeres nos dan la facilidad de crear muchos personajes que conectan más fácil con la comunidad” Jhon Hernández y Paula Figueredo, actores de Historias Rodantes.

Desmitificando tabúes

Y es que la obra se presta para ser interpretada de una manera sencilla, pero con un mensaje profundo que pretende resaltar la importancia de que los niños y niñas siempre sean escuchados por los adultos. Todo esto partiendo de dos situaciones cotidianas en la niñez y adolescencia: El miedo por los monstruos y la llegada del período o menstruación que significa la transición entre niña y mujer, desmitificando y desenmascarando el tabú que socialmente se impone a este momento de la vida.

“Sin culpa fue saliendo la obra, una obra que es muy diferente a otras de teatro de calle, donde uno ve comparas, que el vestuario es grandísimo. Nosotros en cambio tenemos un formato más pequeño, luego fue buscar la manera como ir a los lugares” manifiesta Jhon Hernández  artista.

Ganadores de una beca por parte del Ministerio de Cultura en el marco de la convocatoria Jóvenes en Movimiento, la cual busca impulsar el fortalecimiento de emprendimientos culturales y el desarrollo creativo. Paula y Jhon quieren recorrer el mundo en bicicleta representando su obra y a cambio de ello sólo piden que donde los reciban les brinden un hospedaje y las condiciones básicas para instalarse mientras brindan su mensaje.

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Un espacio para compartir con los niños y niñas a través de las historias

Volviendo a la historia sobre cómo se desarrolló la obra, hay que decir que fue algo muy emotivo, porque el público estuvo interactuando con los actores, esto algo que ni siquiera Paula y Jhon esperaban, pero que fue muy significativo para ellos, al igual que cuando una vez finalizado el repertorio, tuvieron la oportunidad de compartir con los niños, los cuales les preguntaban sobre sus futuros viajes y sobre lo que significa para ellos iniciar un recorrido por el  mundo en bicicleta.

Uno termina con el corazón lleno de paz y contento, es muy bonito después del final de la obra cuando los niños se acercan a uno y le preguntan cosas y de repente escriben historias que nos las escriben ahí” Jhon Hernández y Paula Figueredo, actores de Historias Rodantes.

Asimismo, para remarcar, los habitantes del sector de Brisas de la Esperanza, no quieren que su barrio sea catalogado como un barrio de invasión, sino como un asentamiento en proceso de legalización (Así el mismo pueda tardar). En este sector las personas viven condiciones precarias y no tienen en su mayoría los recursos para acceder a fuentes de entretenimiento, de ahí que el entorno sea difícil. Pero gracias a la labor ejercida en Historias Rodantes tuvieron un día alegre en donde además de disfrutar una obra de teatro, los niños celebraron su Halloween de una manera significativa y cultural a la vez.

“Estos espacios son muy importantes porque les abren la mente a los niños y porque ven otras cosas que en el asentamiento no se ven” señala Yuri Henao, líder social Brisas de la Esperanza.

Ahora lo que viene para este par de jóvenes artistas es un viaje a la ciudad de Cúcuta en donde les dieron la oportunidad de representar su obra personificando a Dairon y a Coco, desmitificando tabúes y, sobre todo, intercambiando saberes y alegría con las comunidades. Por cuestiones de tiempo no podrán ir en bicicleta, pero no importa, una vez estén de vuelta, si las llevarán por Cundinamarca en lo que será la gira que marque la pauta para recorrer el país y porqué no, el mundo entero. Eskaparate.co estará atento a las experiencias que ellos obtengan en su travesía una vez la inicien.

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