Lo que durante décadas fue señalado, perseguido y hasta reducido a un simple ritmo de barrio, hoy entra oficialmente al corazón del patrimonio cultural colombiano. El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes entregó el Plan Especial de Salvaguardia (PES) que reconoce a la champeta y a todo su universo simbólico como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.
En el histórico teatro Adolfo Mejía de Cartagena, entre sonidos picoteros, bailes y memorias colectivas, la champeta recibió uno de los reconocimientos más importantes de su historia: su inclusión oficial en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. Pero el anuncio va mucho más allá de un acto institucional. Se trata de una reparación simbólica a una cultura que nació desde la resistencia social, el Caribe negro y las periferias urbanas.
La Resolución 0316 del 19 de mayo de 2026 no solo reconoce la música. También protege un ecosistema cultural compuesto por danza, tradición oral, cultura picotera, construcción de picós, muralismo, fiestas populares, espacios comunitarios y saberes transmitidos entre generaciones.
“La champeta es mucho más que una música”, afirmó la viceministra de Patrimonios, Memorias y Gobernanza Cultural, Saia Vergara Jaime, durante el acto oficial. Según expresó, este reconocimiento honra “las memorias negras del Caribe” y reivindica una expresión cultural históricicamente atravesada por el racismo y la exclusión.
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La ministra de las Culturas, Yannai Kadamani Forondona, también subrayó el carácter político y social del reconocimiento. En su intervención señaló que la entrega del PES representa un momento donde “el Estado ya no oprime a su pueblo, sino que reconoce la libertad de expresión” de una de las manifestaciones más importantes de la diáspora afrocolombiana.
La historia de la champeta ha estado marcada por la resistencia. Durante años fue censurada en algunos sectores del Caribe colombiano, asociada a estigmas sociales y criminalizada por representar la voz de los barrios populares. Sin embargo, sobrevivió gracias a las comunidades, los coleccionistas, los bailadores, los DJ’s, los fabricantes de picós y los artistas que la mantuvieron viva en calles, esquinas y casetas.
El nuevo Plan Especial de Salvaguardia busca precisamente garantizar que esas prácticas no desaparezcan. El documento plantea líneas de acción enfocadas en la memoria cultural, la investigación, la transmisión de saberes y la consolidación del Festival Afro Caribe de Música Champeta como uno de los escenarios centrales de preservación cultural.
Uno de los puntos más significativos es el reconocimiento de los llamados “piconemas”, el lenguaje oral y callejero que hace parte de la identidad champetúa. También se reconoce la estética corporal, la gráfica popular y espacios como el Mercado de Bazurto y las casetas populares, entendidos como territorios culturales vivos.
El evento se llevó a cabo en articulación con la Alcaldía de Cartagena y el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena de Indias – IPCC como respuesta a décadas de estigmatización y racismo, reconociendo a la champeta como herramienta de resistencia decolonial y expresión fundamental de los sectores populares.
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Foto destacada cortesía MinCulturas














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