Hay mujeres que caminan por la vida dejando apenas una sombra detrás de sus pasos y hay otras que, sin proponérselo van convirtiendo el camino en una huella. Itala Abiantun pertenece a estas últimas. Su historia no puede contarse únicamente a través de fechas, publicaciones o títulos porque detrás de cada una de sus obras existe algo mucho más profundo: la voluntad de una mujer que decidió transformar la imaginación en una forma de vida. Su trayectoria literaria se parece a esos caminos que nunca terminan de ser rectos, porque cada curva conduce a un territorio distinto y, sin embargo, todos terminan perteneciendo al mismo paisaje.
Acercarse a la literatura de Itala es entrar en una casa con muchas habitaciones. En una de ellas aparece La curiosidad de Scarlett, novela romántica publicada en la plataforma NovelToon, donde el amor se encuentra con esa fuerza inquieta que lleva a los seres humanos hacia lo desconocido: la curiosidad. El propio título funciona como una puerta entreabierta, una invitación a mirar más allá de lo evidente, a descubrir qué ocurre cuando el corazón decide aventurarse por caminos que la razón quizá preferiría evitar. Scarlett encarna esa posibilidad de descubrir, de sentir y de dejarse llevar por la incertidumbre de los afectos.
En manos de Itala, el romance no es simplemente una historia de amor; es un territorio emocional donde los personajes pueden reconocerse, perderse y volver a encontrarse. La escritora entiende que el amor literario necesita movimiento, deseo, expectativa y, sobre todo, personajes capaces de despertar en el lector esa sensación tan íntima de estar viviendo una historia que podría pertenecerle.
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Una pluma, mil mundos y una vida sin renuncias
En Poemaria, una obra publicada en Amazon, Itala Abiantun deja que la palabra abandone la trama y se convierta en emoción pura. Cada poema parece abrir una pequeña ventana hacia el mundo interior, donde la memoria, el deseo, la sensibilidad y la belleza encuentran refugio. Aquí su pluma cambia de ritmo, pero no de intensidad: escribe con la delicadeza de quien recoge instantes y los transforma en versos, demostrando que también en la poesía sabe hacer de lo íntimo una experiencia universal.
Su recorrido continúa con Ela, Mack y Eze, historias cortas publicadas durante 2024, piezas que permiten descubrir otra faceta de su capacidad narrativa. La brevedad, en su escritura, nunca significa falta de profundidad. Al contrario, Itala demuestra que unas cuantas páginas pueden contener un universo entero cuando detrás de ellas existe una mirada capaz de reconocer la emoción, el conflicto y la humanidad que habitan en los pequeños acontecimientos. Hay relatos que terminan cuando el lector llega al punto final; los de ella, tienen otra cualidad: permanecen. Se quedan como esas canciones que siguen sonando después de que la música ha terminado, como una imagen que regresa inesperadamente o como una conversación que uno reconstruye horas después.
Conexión una novela de thriller psicológico publicada en Inkspired, entra de lleno en uno de los territorios más fascinantes de la contemporaneidad: ese lugar donde la tecnología, la soledad, el deseo y el peligro terminan compartiendo la misma pantalla. La historia parte de una situación tan cercana que precisamente por eso resulta perturbadora. Una persona cambia de ciudad, cambia de trabajo, se encuentra frente al vacío de la soledad y descubre una posible respuesta en una aplicación de citas. La pregunta parece sencilla: ¿la descargaría? Pero Itala sabe que detrás de una pregunta aparentemente cotidiana puede esconderse una puerta hacia el abismo. Yesenia decide instalarla y comienza a experimentar el mundo cibernético, sin imaginar que aquella decisión terminará convirtiendo su propia vida en una tragedia. Y mientras la protagonista intenta encontrar una conexión, un asesino serial permanece suelto en la ciudad. En la novela conectarse significa acercarse, pero también significa quedar expuesto; significa encontrar a alguien, pero también abrirle una puerta hacia nuestra intimidad.
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El teléfono deja de ser solamente un objeto y se transforma en una ventana; la pantalla deja de ser una superficie luminosa y se convierte en un espejo; la aplicación deja de ser una herramienta y adquiere la apariencia de un laberinto. Cada mensaje puede contener una promesa, cada perfil puede esconder una máscara y cada encuentro puede conducir hacia un lugar inesperado. Itala consigue tomar elementos de la vida cotidiana y cargarlos de tensión narrativa. Lo cotidiano comienza a adquirir sombras. Aquello que parecía seguro deja de serlo. Y el lector, que observa la historia desde un supuesto lugar protegido, termina comprendiendo que quizá nadie está completamente a salvo cuando las fronteras entre el mundo virtual y la realidad comienzan a desaparecer.
Itala Abiantun (Galapa, Colombia, 1995)
Hablar de Itala Abiantun únicamente como escritora sería dejar fuera una parte esencial de esta historia. Porque detrás de los libros existe una mujer que ha conseguido reunir diferentes dimensiones de su vida sin permitir que ninguna borre a las demás. Mujer, madre, profesional y escritora no aparecen como identidades enfrentadas, sino como piezas de una misma existencia. Y allí su trayectoria adquiere una dimensión especialmente significativa para las mujeres contemporáneas.
Durante demasiado tiempo se ha repetido la idea de que para alcanzar determinados sueños hay que renunciar a otros, como si la vida estuviera dividida en compartimentos que no pueden tocarse. Itala demuestra lo contrario. Su historia representa la posibilidad de construir, de crear, de trabajar, de cuidar, de amar y, al mismo tiempo, de perseguir una vocación artística. Su ejemplo tiene algo profundamente simbólico. Es como una ventana encendida en medio de la noche. No porque prometa que todos los caminos serán sencillos, sino porque demuestra que existen caminos. Su trayectoria le habla a una generación de mujeres que ya no quiere escoger entre ser madres, profesionales, compañeras, creadoras o escritoras. Les recuerda que una mujer puede ser muchas cosas al mismo tiempo y que ninguna de esas versiones tiene que pedir permiso para existir.
Al final, quizá lo más hermoso de la historia de Itala Abiantun no esté únicamente en sus libros, sino en lo que esos libros representan. Porque una mujer escribe sola frente a una página en blanco, pero nunca sabe hasta dónde viajará aquello que escribe. Una palabra puede convertirse en personaje. Un personaje puede convertirse en historia. Una historia puede convertirse en libro y un libro puede llegar a las manos de otra mujer que, al leerlo, descubra que ella también tiene una historia esperando ser contada.
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