Detrás de las campanas que aún resuenan en iglesias y edificios históricos de Bogotá estuvo durante décadas el trabajo silencioso de Omar Javier Guerra López uno de los pocos maestros relojeros especializados en restauración de relojes monumentales en Colombia. Fallecido el pasado 1 de julio de 2026, dejó un legado que trasciende la mecánica: la conservación de un oficio artesanal fundamental para el patrimonio cultural.
Nacido en Tunja el 25 de enero de 1975, Omar heredó una tradición familiar iniciada por su padre, don Angélico Guerra, quien aprendió el oficio en la década de 1950 junto al técnico relojero alemán Neumann Klinsmann. Desde entonces, la familia Guerra ha dedicado más de 70 años a la restauración de relojes monumentales y otros bienes patrimoniales.
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Omar intervino complejos mecanismos de gran formato restaurando relojes europeos y fabricando piezas para templos colombianos. Su trabajo permitió recuperar algunos de los relojes patrimoniales más importantes de la capital.
Entre sus intervenciones más destacadas se encuentran los relojes de la Catedral Santiago Apóstol de Fontibón, la parroquia de Santa Ana, la Iglesia San Ignacio de Loyola y la Iglesia de San Francisco, donde devolvió el funcionamiento a mecanismos históricos que durante décadas marcaron el ritmo cotidiano de la ciudad.
Su conocimiento también llegó al patrimonio arquitectónico moderno. En 2019 participó en la restauración del reloj eléctrico del edificio principal de Ecopetrol, recuperando su tablero y sistema de iluminación para preservar uno de los íconos de la arquitectura del siglo XX en Bogotá.
Además de su habilidad técnica, quienes trabajaron junto a él recuerdan su precisión, capacidad para resolver complejos problemas mecánicos y su compromiso con la transmisión del conocimiento.
“Ómar fue un apasionado realmente con su oficio, con su profesión, con la mecánica de los relojes. Fue muy dedicado, siempre buscando dar lo mejor. Incluso se inventó para las parroquias un sistema para tocar las campanas desde la sacristía con un teclado, para modernizar ese sistema sin perder su esencia”, mencionó su hermano Miguel Ángel Guerra López.
Su fallecimiento también encendió una alerta entre los expertos en conservación patrimonial, quienes advierten que el conocimiento especializado para restaurar relojes monumentales permanece en manos de muy pocos maestros. Desde el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural IDPC resaltaron la importancia de documentar y fortalecer estos saberes para garantizar su continuidad.
«Los maestros de oficio son custodios de conocimientos construidos durante generaciones. El legado de Omar Javier Guerra López nos recuerda la necesidad de reconocer, documentar y fortalecer estos saberes para que no desaparezcan. Cuidar el patrimonio también significa garantizar que existan manos capaces de mantenerlo vivo para las futuras generaciones”, dijo el director del IDPC, Diego Parra Cortés.
Aunque Omar Javier Guerra López ya no está frente a los engranajes que restauró durante gran parte de su vida, su trabajo continúa marcando el paso del tiempo en las torres de iglesias y edificios históricos de Bogotá, donde cada campanada mantiene vivo el legado de un oficio que también hace parte de la memoria de la ciudad.
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Fotografías y fuente Prensa IDPC














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