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    En las montañas de Boyacá existe un lugar donde la historia del fútbol se cose a mano. Se trata de Monguí, un municipio ubicado a unos 97 kilómetros de Tunja, la capital de Boyacá. Reconocido por su patrimonio arquitectónico y por una tradición artesanal que convirtió al balón en parte fundamental de su identidad cultural.

    Mucho antes de que las grandes marcas dominaran el mercado deportivo, los balones que circulaban por las canchas colombianas nacían entre agujas, cuero y manos expertas. Allí comenzó una historia que hoy sigue viva gracias a familias que han transmitido este oficio de generación en generación.

    Todo empieza en 1934 cuando don Froilán Ladino Agudelo, tras prestar servicio militar en la frontera colombo peruana, viajó a Manaos Brasil, donde observó la técnica de fabricación artesanal de balones. Fascinado por aquel conocimiento regresó a su pueblo para replicarlo. Inspirado además por balón utilizado en el primer Mundial de Fútbol de Uruguay en 1930, construyó herramientas, impulsó una curtiembre y comenzó a enseñar el oficio a otros habitantes de la región.

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    Museo del Balón un lugar para la memoria

    Durante décadas, hombres y mujeres combinaron las labores del campo con el cosido de balones, fortaleciendo una tradición que llegó a generar empleo para cientos de hogares boyacenses.

    Hoy, esa memoria tiene un hogar especial, el Museo del Balón, ubicado en el corazón de Monguí y de propiedad de la familia Ladino. Un espacio que permite recorrer la evolución de una industria artesanal que ha marcado la historia del municipio. Sus salas exhiben herramientas utilizadas, registros fotográficos, reconocimientos y récords; balones históricos inspirados en los distintos mundiales de fútbol y piezas que explican cada etapa del proceso de fabricación.

    Esta cápsula del tiempo permite a los visitantes comprender cómo un objeto cotidiano se convirtió en símbolo de identidad para toda una comunidad. Allí se revela que detrás de cada balón existe un trabajo minucioso que incluye el curtido del cuero, el corte de las piezas, el cosido manual con hilo y cera, y los acabados que le dan forma definitiva.

    En tiempos en los que el fútbol se vive a escala global, Monguí recuerda que detrás de cada campeonato, cada gol y cada celebración, existe una historia hecha de manos, paciencia y tradición. Una historia que comenzó en Boyacá y que, puntada tras puntada, sigue rodando por el mundo.

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    David Arwi
    Periodista Cultural

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