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    Yayoi Kusama murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, pero el Museo Yayoi Kusama confirmó su fallecimiento públicamente este 27 de agosto. Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, la artista construyó durante casi ocho décadas una obra atravesada por las alucinaciones que experimentaba desde niña. Los lunares, las redes infinitas, los espejos y las repeticiones se convirtieron en recursos para representar una percepción del mundo en la que las formas parecían multiplicarse hasta perder sus límites.

    Su relación con el arte comenzó en medio de una infancia difícil y de las restricciones familiares que buscaban apartarla de una carrera artística. Kusama encontró en el dibujo una forma de enfrentar sus visiones y continuó desarrollando una propuesta que se distanció de la pintura tradicional japonesa. En 1957 dejó Japón y posteriormente se instaló en Nueva York, donde ingresó a una escena artística dominada por hombres y presentó obras como Infinity Nets y Aggregation: One Thousand Boats Show. Allí compartió circuitos con figuras como Andy Warhol y comenzó a consolidar una propuesta basada en la repetición y la inmersión.

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    En 1973 regresó a Japón y, cuatro años después, ingresó voluntariamente a un hospital psiquiátrico de Tokio. Desde entonces mantuvo una rutina que combinaba su permanencia en el hospital con el trabajo cotidiano en un estudio cercano. Lejos de detener su producción, continuó creando pinturas, esculturas, instalaciones, performances, literatura y poesía. En 1993 representó oficialmente a Japón en la Bienal de Venecia y, décadas después, sus Infinity Mirror Rooms la convirtieron en un fenómeno global. Su reconocimiento también llegó al mercado del arte: Untitled (Nets), de 1959, alcanzó los 10,5 millones de dólares en una subasta de 2022.

    Kusama recibió la Orden de la Cultura de Japón y la Orden de las Artes y las Letras de Francia, además de desarrollar proyectos que llevaron su universo artístico a la moda y a otros espacios de la cultura. Su concepto de “autoaniquilación”, construido a partir de la repetición obsesiva y la proliferación de formas, encontró en los lunares su expresión más reconocible.

    Hoy esas figuras permanecen en esculturas, calabazas, salas de espejos e instalaciones ubicadas en distintos lugares del mundo. La artista que convirtió sus visiones sobre el infinito en una obra universal deja así una presencia que, como sus propios puntos, parece no tener un final.

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    Foto destacada Foto: Yayoi Kusama. © Noriko Takasugi. Calabaza: Digital Rendering of Pumpkin, 2024, © Yayoi Kusama. Cortesía de Ota Fine Arts, Victoria Miro, y David Zwirner

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