Edwin Arlet Sánchez no llegó al arte por academia ni por linaje artístico. Llegó por esfuerzo y resistencia, sus conocimientos fueron empíricos, estudió administración y fue concejal en Fusagasugá. Su camino parecía destinado a la gestión pública, pero a los 28 años encontró en el cemento y el arte un lenguaje propio, un sueño que hacer realidad, Desde entonces, no ha dejado de esculpir.
Sus primeras obras nacieron sin un taller formal ni grandes recursos, las regalaba a gente de su alrededor, sin recibir muchas veces algún pago, no desistió en que esto era lo que quería hacer, se convirtió en una práctica constante. Siempre estaba haciendo algo de arte, disciplina que hoy en día es la base de un trabajo que dialoga con la expresión y la identidad.
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El arte, un discurso frente a las adversidades
Para el maestro Edwin el arte no es decorativo, es político, un elemento que permite expresar las posiciones frente a nuestra realidad. Sus esculturas: figuras antropomorfas, rostros indígenas, cuerpos cargados de símbolos; evidencian una preocupación por la raíz cultural colombiana y en particular por la herencia indígena.
En su arte se presentan cuerpos robustos, pectorales, lanzas, texturas que remiten a lo precolombino. No son reproducciones arqueológicas; son reinterpretaciones de nuestra historia. La anatomía fuerte, y la mirada fija de sus personajes transmiten dignidad, de un mundo que los ha intentado llevar al olvido
Una de sus obras más representativas es El carguero, una pieza expresa un profundo sentimiento de indignación, el peso simbólico que cargaron los pueblos, las comunidades y en general, quienes han sido siempre relegados y deshumanizados. Esta escultura no solo consolidó su discurso artístico, sino que también le abrió puertas a muchos premios y reconocimientos.
Un artista y gestor público
El sector público le brindó herramientas a Edwin para fortalecer su carrera artística. La experiencia administrativa y política le permitió entender cómo gestionar proyectos y marcar un precedente en las artes plásticas, donde según él “Las oportunidades para el arte son escasas, vivir de ello es aún más complicado… en Colombia muchas veces cumplir los sueños parece un lujo, una decisión arriesgada, pero eso no puede ser excusa para no intentarlo.” Sin formación académica en artes, Edwin construyó un lenguaje propio y a día de hoy puede vivir de lo que le gusta hacer.
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Resistencia como materia prima
Más allá del cemento, el material que hizo posible todo esto fue la resistencia y constancia, el amor por la cultura indígena y la diversidad de la flora y fauna, que en su obra sirve como fuente de inspiración y acto de reconocimiento. En un contexto donde lo ancestral suele dejarse de lado, sus esculturas funcionan como un valioso recordatorio: la memoria también se puede moldear.
Edwin es un creador que aprendió haciendo, equivocándose y persistiendo. Su historia demuestra que el arte puede nacer fuera de los circuitos tradicionales y que, con absoluta convicción, podemos llegar a cumplir todo lo que nos propongamos. Pueden conocer más de su trabajo aquí.
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